La empresa privada, un motor para el desarrollo
Las empresas privadas constituyen el actor central en el proceso de desarrollo económico y social de un país.
Es por ello que cuando dichas empresas encuentran un ambiente que favorece su accionar, toda la sociedad en la que operan ve incrementados significativamente su nivel y calidad de vida.
¿Qué se requiere entonces, y específicamente en el caso de nuestro país, para generar las condiciones que permitan la movilización de las energías de la empresa privada?
En el entendimiento que dichas energías se traducen en realidades muy concretas como la incorporación de innovaciones, en la creación de millones de empleos, en la obtención de las divisas necesarias para el crecimiento, y en la generación de ingresos que, vía impuestos o tasas, son el insumo fundamental para el funcionamiento de los Estados Nacional, Provincial y Municipal.
La primera condición es el pleno respeto a las instituciones de la República consagradas en nuestra Constitución Nacional y en particular la plena vigencia de la división de poderes. En este marco es imprescindible destacar la importancia de contar con una justicia independiente, garantizar la libertad de expresión y el libre accionar de los medios de prensa.
Las empresas privadas requieren para su mejor desempeño que la economía opere con una tasa de inflación reducida.
En efecto, la inflación que es el resultado de una macroeconomía desequilibrada, erosiona la competitividad, genera conflictos con los trabajadores proveedores y consumidores, y tiene consecuencias muy negativas en la programación de inversiones
En Argentina la baja sustentable de la inflación requiere prioritariamente – como lo enseña la evidencia histórica - de políticas fiscales consistentes.
Desde AEA lo hemos reiterado durante años: es imprescindible contar con cuentas públicas equilibradas para lograr ese objetivo ya que en nuestro país las mismas han sido tradicionalmente deficitarias.
Todos los esfuerzos que realicen los gobiernos a este respecto deben reconocerse explícitamente ya que sus efectos son particularmente positivos para el desarrollo de la actividad empresarial.
También debe señalarse que todo avance en lo que se refiere a la reducción de la participación del gasto público en el PBI redundará en una mayor eficiencia global de la economía y potenciará así la labor empresaria.
Si hay un concepto que resume como pocos el clima de negocios de un país es el de la previsibilidad, y lamentablemente por décadas Argentina ha sido un país en el cual los empresarios (así como el resto de los ciudadanos) han debido desempeñar sus actividades en un contexto de muy elevada incertidumbre.
Esa incertidumbre se ha visto incrementada cuando el ámbito propio de las empresas privadas ha sido vulnerado a través de medidas que han afectado el derecho de propiedad o limitado su capacidad de adoptar decisiones autónomas, tales como, por ejemplo, los controles de precios. En una sociedad capitalista moderna es crucial distinguir el rol del Estado del de las empresas privadas, manteniendo ambos claramente diferenciados.
La injerencia gubernamental interviniendo en las decisiones empresarias ha representado siempre un gran impedimento al desarrollo económico y social del país.
Las empresas privadas son vitales en el presente, pero además determinan decisivamente el futuro del país a través de su conducta inversora. Es así como se vuelven decisivos los factores que condicionan las decisiones de realizar nuevos proyectos productivos o de ampliar los existentes.
Entre ellos es crucial, como se señalara, la estabilidad en las reglas de juego.
Es clave que en Argentina se asegure para las inversiones, y muy especialmente para aquellas relacionadas con grandes proyectos y que tienen tiempos prolongados de ejecución, el respeto de los marcos regulatorios fijados de antemano.
Es fundamental avanzar en este sentido ya que de ello depende vitalmente el crecimiento futuro.
También determinan la propensión a invertir el nivel educativo de la población, el acceso al financiamiento de largo plazo, así como la oferta de infraestructura que permita desarrollar eficientemente la logística empresaria.
Poca duda cabe que la muy elevada presión tributaria sobre el sector formal de la economía es un factor limitante clave.
Debe reconocerse en tal sentido que en nuestro país dicha carga sobre las empresas está muy por encima de la de otras naciones de la región por lo que es imprescindible seguir disminuyéndola.
Debe reconocerse en tal sentido que en nuestro país dicha carga sobre las empresas está muy por encima de la de otras naciones de la región por lo que es imprescindible seguir disminuyéndola.
En particular, es imperioso avanzar en lo relativo a reducir (y en cuanto sea posible eliminar) los impuestos distorsivos que atañen a los diversos niveles de gobierno.
Toda la sociedad, pero en particular la dirigencia política y social, puede contribuir mucho para hacer que trabaje a pleno el motor del desarrollo que es la empresa privada. Reconociendo su aporte, adoptando las políticas que estimulen su accionar y generando un amplio diálogo que permita dotar de mayor previsibilidad a la economía argentina.

