Notas del Presidente de AEA

Jaime Campos con Carlos Pagni en “Odisea Argentina” – TN

 
 

 

Empresariado, desarrollo e institucionalidad

Artículo publicado en el diario Clarín

Cómo volveremos a poner en marcha a la economía argentina y hacerla crecer sostenidamente de modo de generar los bienes y servicios y, en especial, los empleos que imperiosamente necesitamos? He aquí una pregunta fundamental que la ciudadanía deberá responder en la nueva etapa política que se iniciará en pocos meses.

A nuestro juicio, la respuesta a dicho interrogante se sintetiza en la siguiente frase: debemos contribuir a movilizar las energías del empresariado argentino ya que, de la mano de este actor, es posible volver a crecer, aumentando significativamente la producción tanto en el sector rural, en la industria como en los servicios, incrementando por este camino las menguadas exportaciones de estos años y dando lugar a un amplio despegue de las inversiones productivas.

¿Cómo movilizar las energías de los emprendedores y empresarios de pequeñas, medianas y grandes empresas, de modo de alcanzar un desarrollo económico y social sustentable en el tiempo que pueda trascender una mera reactivación de corto plazo?

La respuesta de fondo para la Argentina de hoy no tiene que ver centralmente con la puesta en práctica de ciertas medidas de política económica -por importantes que ellas sean-, sino que se vincula con la imperiosa necesidad de otorgarle institucionalidad a nuestra política y a nuestra economía. Esta exigencia se agiganta en nuestro país debido a que los cambios drásticos en las reglas de juego han afectado, en no pocos casos dramáticamente, la vida de muchas empresas. El resultado de todo ello es el clima de incertidumbre que nos rodea y nos impide diseñar e implementar las estrategias productivas necesarias para desenvolver nuestras potencialidades.

Si constataran que la democracia recuperada en 1983 se va consolidando y robusteciendo en el marco de un régimen político republicano como el que ha fijado nuestra Constitución Nacional, los empresarios pondrían en plenitud su iniciativa, su capacidad organizativa y su constante compromiso en busca de otras oportunidades de negocios; introducirían más innovaciones, contratarían muchos nuevos empleos, conquistarían mercados externos y, merced a este impulso, empujarían la expansión internacional del país.

Sin más vueltas, los empresarios movilizarán su inventiva y voluntad de transformación si comprueban que en la Argentina respetamos a rajatabla el principio de la división de poderes, lo que desde luego supone que las funciones de los Poderes Ejecutivo, Legislativo y Judicial se mantienen separadas, equilibradas y con el debido control recíproco. Decisivo en esta línea es el papel de una Justicia sólidamente fundada, neutral e independiente. Es ella la que garantiza, como lo ha recordado la Corte Suprema recientemente, la vigencia plena de las instituciones de la República y la protección de los derechos fundamentales que deriva de nuestra Constitución.

La vigencia de los atributos que hemos recapitulado ofrecería a los argentinos y, por ende, a los empresarios, la certeza de la previsibilidad institucional sin la cual es extremadamente riesgoso y poco atractivo encarar actividades económicas. No debe caber duda alguna acerca del valor de la estabilidad de las reglas de juego, un factor clave a la hora de desempeñar actividades económicas. Esta plataforma bien implantada en la sociedad infunde duración y confianza a los acuerdos y contratos, y permite programar inversiones cuyos frutos se recogerán -eventualmente- en el largo plazo.

Por fin, la previsibilidad institucional requerida para la actividad empresaria depende vitalmente de que se reconozca en la actividad económica de carácter privado un grado de autonomía que garantice ámbitos de acción libres de la interferencia arbitraria del Estado y de sus agentes gubernamentales. Esta es la diferencia que existe entre un Estado de Derecho que respeta la autonomía de la sociedad civil y, en la orilla opuesta, un Estado cuya insuficiencia institucional provoca en los agentes económicos confusión y desconfianza. En la primera circunstancia, respetando las leyes y demás disposiciones vigentes de orden general las empresas podrán operar con la mayor libertad posible.

Debe quedar en claro que la injerencia indebida por parte de los gobiernos, así como el uso de la discrecionalidad en la aplicación de decisiones administrativas en el terreno económico, vulneran la sabiduría de las disposiciones constitucionales y representan al cabo un enorme contra incentivo para las actividades empresarias. Estas medidas obturan la creatividad así como la iniciativa empresaria y constituyen por lo tanto un fuerte impedimento para avanzar en el desarrollo económico y social de nuestro país.

Los cambios reiterados y con frecuencia sorpresivos en las disposiciones gubernamentales no fomentan el espíritu emprendedor y debilitan el temple y la vocación para asumir los riesgos inherentes a toda actividad económica. Para subrayarlo de nuevo: en un mundo de transformaciones permanentes en los mercados, el influjo de las innovaciones en productos y procesos así como en las preferencias de los consumidores, los países que progresan han sabido valorar la estabilidad institucional de sus propias reglas de juego en tanto elemento central para brindar previsibilidad a los actores económicos locales.

En síntesis, para volver a crecer hay que trabajar en conjunto con el objeto de fortalecer institucionalmente a la Argentina de forma tal que el sector privado esté en condiciones de cumplir cabalmente su rol de promotor del bienestar general para, como dice el Preámbulo, “afianzar la justicia” y asegurar los “beneficios de la libertad” a todos los argentinos.

 

“Es muy difícil hacer proyectos con precios tan distorsionados como los que tiene el país”

Reportaje a Jaime Campos, Presidente de AEA.
Por Jorge Oviedo – LA NACION

Ver reportaje en el diario La Nación

La Asociación Empresaria Argentina (AEA) cree que la Argentina necesita aprovechar oportunidades de crecimiento y aumentar fuertemente las inversiones. Para alcanzar estos objetivos, por su parte, es necesario “bajar gradualmente la inflación” y reformar el Indec de manera de que sus mediciones vuelvan a ser creíbles.

Así lo señala el presidente de la Asociación, Jaime Campos, quien dijo a LA NACION que la preocupación es por la enorme cantidad de “distorsiones” que causa la inflación y que “afectan a las personas, en especial a los sectores informales,pero también desalientan las inversiones e impiden la creación de un mercado de capitales doméstico y en pesos”.

Campos cree que la Argentina está en los inicios de un nuevo período económico, que requerirá de muchísimas inversiones y que para ello es fundamental quitar los factores que la desalientan, como la ley que permite al Gobierno intervenir la empresas y el aumento sostenido y generalizado de los precios. La Asociación tomó un firme papel en abril al criticar el intento de reforma judicial lanzado por el Gobierno y también se pronunció contra la nueva ley de mercado de capitales, que permite a una dependencia del Ejecutivo tomar el control de empresas sin que medie la intervención de la Justicia.

Sobre la actual coyuntura política, AEA no hace comentarios. Campos explica: “Hay que recordar que en las próximas semanas se va a cumplir el trigésimo aniversario del retorno a la democracia en la Argentina, tenemos que alegrarnos de que así sea y trabajar todos para profundizar el sistema democrático con amplia participación popular”.

-¿Cuál es la visión de AEA sobre la economía?

-Nos parece muy importante tomar conciencia de que se debe bajar la inflación, que lleva en la Argentina varios años en un nivel importante. Debemos trabajar seriamente para bajarla. Hay que tener presente que en el mundo se le da tanta importancia que de 163 países, muchos de ellos pobres y en vías de desarrollo, 112 tienen inflación inferior al 5% anual. Son pocos, muy pocos los países con inflaciones de arriba del 20, probablemente no más de seis o siete. Hay que trabajar teniendo en cuenta que la inflación genera mucha distorsión en los precios relativos, con un impacto muy obvio sobre los ciudadanos, en particular de los sectores informales. Y, en el mundo de las empresas, limita las inversiones. Es muy difícil hacer proyectos con precios tan distorsionados como los que tiene el país. Por eso la inflación en el mundo es un tema de gran preocupación. En países ricos y pobres.

-Los que discuten esa postura dicen que bajar la inflación es recesivo…

-Nosotros tenemos la clara convicción de que para el crecimiento va a ser mucho más positivo una baja gradual de la inflación que mantenerla en los niveles actuales. Señales claras de que la inflación va a ir bajando van a generar muchos más estímulos a la inversión y también para la actividad económica en general.

-¿Cuál sería el plan para avanzar en una desaceleración de la inflación?

-El primer punto sobre el que hay un amplio consenso entre los economistas es que hay que normalizar el Indec. Es un factor central para alinear expectativas. Cuando todos los actores, empresarios, sindicalistas, consumidores coinciden en esto, se puede hacer una política que baje la inflación según un indicador confiable.

-¿Hay que concursar cargos, hacer una ley?

-No nos hemos puesto en los detalles. Hay gente muy capaz que seguramente puede decir cómo hacerlo. Lo importante es tener un Indec normalizado. La Argentina tiene muchas oportunidades que se ven, tanto en la agroindustria, en la industria en general, en los servicios y también en la energía, con Vaca Muerta, y todas esas oportunidades requieren fuertes inversiones. Nosotros tenemos la firme convicción de que en este período que se inicia se va a tener que invertir cada vez más.

-¿Se refiere al período político?

-Período económico, por el cual se necesita invertir cada vez más. El caso más evidente es el de la energía. Para eso hay que tener presente ciertos factores centrales que están detrás de la decisión de inversión. Uno es el marco institucional. Nosotros creemos, y lo hemos dicho, que las medidas que permiten a la Comisión Nacional de Valores intervenir las empresas sin pasar por la Justicia no dan un mensaje positivo para las inversiones.

-Hay quienes dicen que abrirse a las inversiones es volver a endeudarse…

-Evidentemente, que la Argentina pueda acceder al mercado de capitales internacional permitiría hacer inversiones, traer bienes de capital o hacer proyectos que hoy a veces se pagan al contado y son más difíciles. Eso no implica endeudarse enormemente.

-¿Qué les dice la AEA a quienes dicen que la inflación es culpa de los empresarios?

-Hay 112 países en el mundo con inflación baja y, evidentemente, en ellos hay empresarios. Además, en este mismo Gobierno hubo períodos de inflación baja y los empresarios eran los mismos.

-¿Le preocupa a la AEA la caída de la Argentina en el índice de competitividad del Foro Económico Mundial?

-En un mundo cada vez más globalizado, donde cada vez hay más información, un índice así es importante, porque mejorar allí permite aumentar las inversiones externas e internas. No es un tema menor que pueda dejarse de lado ligeramente.

 

“Los empresarios no somos culpables de la inflación”

Reportaje a Jaime Campos en el diario El Cronista, realizado por Natalia Donato
Ver reportaje en El Cronista

El Presidente de la Asociación Empresaria Argentina (AEA) planteó la necesidad de trabajar en un plan integral para contener los precios y mostró preocupación por la reglamentación de la Ley del Mercado de Capitales

A una semana de las elecciones primarias y con un cúmulo de preocupaciones sobre la marcha de la economía, la Asociación Empresaria Argentina (AEA), que integran los hombres de negocios más importantes del país, rechazó de manera tajante la reglamentación de la Ley del Mercado de Capitales, reclamó un plan para combatir la inflación e insistió en la necesidad de fortalecer las instituciones y mejorar las reglas de juego para invertir. Así lo reflejó el presidente de la AEA, Jaime Campos, en una entrevista concedida a El Cronista en Córdoba, en el marco del 6º Congreso de la Unión Industrial de Córdoba (UIC), la semana pasada.

¿Cómo recibió la entidad la reglamentación de la Ley de Mercado de Capitales?
Nos genera una grave preocupación el decreto 1023/13 en cuanto a que permite a la Comisión Nacional de Valores intervenir de manera discrecional a las empresas que participan en este mercado, sin que medie una intervención judicial. Esta facultad afectará severamente al mercado de capitales, impidiéndole constituirse en un factor clave para el financiamiento de inversiones productivas. La norma le da un poder enorme a la CNV para actuar sobre las empresas y ello conspira contra mayores inversiones.

¿Cuáles son los principales problemas con los que hoy un empresario tiene que lidiar? 
Un punto que nos preocupa mucho es la inflación. Creemos que hay que tomar medidas, como se han tomado en muchos países del mundo, para atacar este fenómeno complejo desde distintos ángulos: con políticas fiscales, de ingresos, monetarias, vinculadas con las expectativas y con la promoción de inversión. Es necesario desarrollar un mercado de capitales más fuerte y para eso es central contar con una moneda doméstica que no esté tan afectada por el efecto inflacionario.

Por otro lado, creemos que debemos contribuir a través de un diálogo entre distintas fuerzas políticas, tanto del Gobierno como de la oposición, en delinear algunos consensos básicos que le den más previsibilidad a la economía.

¿Una especie de acuerdo social?
Yo no diría acuerdo social porque es un concepto un poco gastado. Pero el foco central debería ser aumentar la previsibilidad, fijar reglas más claras y permanentes que le den a los empresarios más certidumbre respecto del futuro.

¿Cree que para recuperar competitividad es necesario una aceleración del ritmo de la devaluación?
Creo que la forma de ganar competitividad es trabajar sobre la inflación. Y ello no necesariamente genera un impacto negativo en la actividad económica. Ha habido casos en que, bien manejado, se genera un aumento de la actividad porque potencia la inversión.

¿Qué le responde al Gobierno cuando acusa a los empresarios de ser los culpables de la suba de precios?
Nosotros tenemos en claro que la inflación no es responsabilidad de los empresarios. Es un aumento de todos los precios de la economía. Una prueba de ello es que inflación en los primeros años de la era kirchnerista era baja y estaban actuando los mismos actores que hoy. Además, los países latinoamericanos tienen empresarios igual que nosotros y la tasa es sustancialmente más baja.

¿Qué propósito tuvo la reunión en la Rural donde se congregaron varios empresarios? ¿Van a armar un G6 ampliado?
Fuimos invitados por la Rural y como hacía tiempo que no había ninguna reunión de distintas entidades, nos pareció un momento oportuno para hacerla y compartir visiones sobre la realidad política y económica de la Argentina. Sería muy positivo que estas reuniones se repitan en el futuro.

¿Qué opina de la campaña electoral? ¿Se siente identificado con alguna propuesta?
Al ser una entidad plural, lo único que puedo decir es que nos parece muy bueno para el país que estemos todos los argentinos en ocasión de volver a ejercer el voto porque eso demuestra la vitalidad de la democracia.

¿Están invirtiendo las empresas?
Se está invirtiendo, pero creemos que podría crecer sustancialmente la tasa de inversión si pudiéramos fortalecer aún más el marco institucional en el que se desarrolla la actividad económica en la Argentina. Todo aquello que contribuya a fortalecer las instituciones es fundamental para el desarrollo del país. Por eso fuimos muy claros al subrayar la relevancia de la independencia de la Justicia y del gran rol que tiene la Corte Suprema en el equilibrio de poderes del país.

¿Qué opina de los controles a las importaciones?
Aspiramos a que gradualmente se vayan levantando las restricciones a las importaciones que dificultan el abastecimiento a la actividad interna.

 

 

Los empresarios, factor clave para el desarrollo

(Articulo publicado en el diario La Nacion)

Un país progresa cuando estimula y canaliza productivamente las energías creativas de sus habitantes. Es la fuerza movilizadora de la iniciativa de millones de ciudadanos la que transforma para bien a las naciones.

En el terreno económico esta energía creativa se corporiza en un actor central: el empresario-emprendedor. Es él o ella quien detecta oportunidades de transformar una idea en un proyecto concreto y, una vez evaluados los riesgos del fracaso, decide avanzar motivado por los posibles beneficios del nuevo negocio a encarar. En otras palabras, no hay empresas si previamente no existieron empresarios-emprendedores que vieron la oportunidad y estuvieron dispuestos a correr los riesgos y a hacer los esfuerzos que implica poner en marcha nuevos emprendimientos.

El mundo actual, crecientemente complejo, dinámico, con acelerados cambios tecnológicos, demográficos y geopolíticos, es muy incierto y, por momentos, parece amenazante, pero ofrece en realidad enormes posibilidades para aquellos países con capacidad para adaptarse rápidamente a las transformaciones y capturar las oportunidades que se presentan.

Los agentes económicos naturalmente más capaces para explorar y capturar estas oportunidades son los empresarios-emprendedores tanto de pequeñas como de medianas y grandes empresas. Por esta razón, el desarrollo de la “empresarialidad” se ha convertido en un objetivo prioritario en todas las naciones, tanto vecinas como lejanas, desarrolladas y en vías de desarrollo que aspiran a alcanzar los más altos estándares de calidad de vida para su población.

La empresarialidad, como capacidad de una comunidad de crear y desarrollar empresas privadas exitosas, ha sido reconocida, desde el trabajo pionero de Schumpeter, como el motor último del desarrollo económico y social de un país. La canalización de las energías creativas de la sociedad mediante la formación y desarrollo de empresas determina el progreso tecnológico, la generación de empleos de calidad y el desarrollo local de las comunidades donde se implantan estas empresas. Un fuerte desarrollo empresarial es asimismo una fuente genuina de crecientes recursos para financiar las inversiones y los gastos del Estado en educación, salud, infraestructura, seguridad, etcétera.

La actividad empresarial argentina es un ámbito diverso donde participan emprendedores, pymes y grandes empresas. Estos segmentos están integrados en cadenas de valor y amplias redes de colaboración, a la vez que representan una progresión en su desarrollo. Los emprendedores crean nuevas empresas, que esperan convertir en pymes, a fuerza de voluntad, inteligencia y creatividad. Éstas a su vez aspiran a una expansión y profesionalización de su actividad, que las consolide como grandes empresas. Por su parte, las grandes empresas argentinas con proyección global son la punta de lanza de miles de pymes que indirectamente participan en los mercados internacionales como proveedoras de estas grandes empresas.

Por esta razón, el desarrollo de nuestro país en el entorno global requiere contar con una fuerte corriente de emprendedores, un amplio y vigoroso tejido de pymes y un núcleo de empresas argentinas de clase mundial, con la escala suficiente para enfrentar con éxito a otros grandes competidores que participan en los mismos mercados en los que compite la Argentina, comenzando por el propio mercado interno.

Esta organización de la producción en empresas privadas es el sistema más innovador y poderoso de creación de prosperidad en toda la historia de la humanidad. Por esta razón, todas las comunidades exitosas en su desarrollo económico y social han puesto el foco en promover y apoyar el desarrollo de las empresas privadas. En estas comunidades, la actividad empresaria goza de un gran reconocimiento social. Las empresas son consideradas actores fundamentales de la sociedad, en los que la ciudadanía deposita sus expectativas de progreso. El nacimiento de nuevas empresas y el crecimiento de las existentes son entonces objetivos prioritarios, ya que éstas generan el empleo genuino, de alta calidad y productividad característico de las comunidades más prósperas.

Según estudios internacionales, varios factores afectan la empresarialidad de un país o una comunidad. La empresarialidad es mayor en aquellas sociedades donde más se valora el rol de los empresarios. Éste es un factor crucial para que más individuos encuentren la motivación y desarrollen las capacidades necesarias para iniciar una nueva empresa. También afecta la propensión a asumir riesgos de inversión ya que en una cultura con fuerte valoración positiva de la actividad de los emprendedores y las empresas, éstas perciben mayores seguridades de que sus derechos no serán alterados en el futuro, cuando llegue el momento de percibir los beneficios derivados de su inversión.

Un factor clave para el desarrollo de la empresarialidad está fuera del ámbito económico y tiene asiento en el terreno de la institucionalidad de la política y del papel del Estado. La vitalidad del tejido empresario se potencia en el marco de un sistema político democrático y republicano con división de poderes, que brinda la previsibilidad necesaria para encarar nuevas inversiones. En este sentido juega un papel clave el Poder Judicial, garante de los derechos fundamentales que definen el régimen económico básico establecido por nuestra Constitución.

En la misma línea, la empresarialidad se potencia en el marco de una sociedad civil pluralista en la que los diversos actores que la componen se expresan a través de medios de comunicación y prensa independientes. La existencia de un empresariado privado, a su vez, constituye un factor decisivo en el sostenimiento económico de dichos medios así como de otras actividades vinculadas con la vida cultural, religiosa y social de una comunidad.

Un tercer factor, en este caso de orden económico, que tiene mucha influencia en el crecimiento de la empresarialidad es la estabilidad de precios. En efecto, la inflación dificulta el cálculo económico, complica las relaciones de cooperación entre eslabones de las cadenas productivas y erosiona paulatinamente la competitividad internacional de las empresas, generando así conflictos con proveedores, clientes y consumidores, y entre las empresas y sus trabajadores. El empresario-emprendedor abomina la inflación y opera mucho más eficazmente en un ambiente de estabilidad de precios.

En conclusión, todo aquello que pueda hacerse para dotar a la Argentina de una mayor empresarialidad permitirá generar más empleos, en especial para los jóvenes; desarrollar nuevas actividades productivas, particularmente en el interior del país; conquistar mercados; dotar de mayores recursos vía impuestos a las vitales tareas del Estado, y, en definitiva, permitir que entre todos construyamos una sociedad más plural y vibrante.

Jaime Campos
Presidente de AEA

 

Techint, orgullo argentino.

En el empresariado argentino hay un amplio consenso que el Grupo Techint, liderado por Paolo Rocca, es un gran orgullo para el país.

El Grupo Techint, integrado por un conjunto de empresas reconocidas a nivel internacional en los sectores de la siderurgia, la construcción y la energía, tiene en la Argentina el centro de investigación y desarrollo industrial más avanzado del país, que le permite ser líder mundial en la producción de tubos sin costura, y abastecer con exportaciones a clientes de todos los rincones del planeta, contando asimismo con importantes filiales en los mercados más exigentes del mundo.

En el ámbito local, Techint, a lo largo de tres generaciones se ha caracterizado por el decidido y sostenido apoyo a las Pymes que integran su cadena de valor, por su fuerte compromiso con la capacitación de sus trabajadores y el impulso a la educación técnica y la ingeniería, y por niveles de productividad y eficiencia que le permiten pagar remuneraciones en los niveles más altos correspondientes a cada categoría laboral.

Como lo muestra el ejemplo de Techint, las empresas de AEA están totalmente comprometidas con el país. Quieren que a la Argentina le vaya bien, para que sus 42 millones de habitantes alcancen un alto nivel de vida, como el de aquellos países en los que se ha eliminado la pobreza, y se respetan estrictamente todos los derechos, en un marco de sólida democracia republicana.

Desde AEA estamos convencidos que los países que progresan son aquellos donde, en este marco, sus emprendedores y empresarios pueden desplegar al máximo su dinamismo y capacidad innovadora, la búsqueda de la eficiencia, y de nuevas oportunidades en los mercados externos, que generan empleos de calidad como los que nuestra Argentina necesita.

Jaime Campos
Presidente de la Asociación Empresaria Argentina – AEA